08 mayo, 2006

OXIGENO,POR FAVOR servicios de hotelerìa



Visitar la ciudadela inca de Machu Picchu en la ciudad peruana de Cusco es una de las experiencias de turismo arqueológico más bellas de América Latina. Pero como todo lo bueno tiene un costo, muchos turistas se ven afectados por el "mal de altura" durante el primer día de estadía.

Y es que llegar desde un lugar cercano al nivel del mar a una ciudad que está a la poco común altura de los 3.400 metros y donde hay un 30% menos de oxígeno no es fácil. La principal consecuencia es el "soroche", como se conoce localmente a los síntomas provocados por el cambio de presión: dolor de cabeza, náusea, insomnio, pérdida de apetito y dificultad para respirar.

Un problema para el turismo, que hace pensar dos veces a los extranjeros antes de visitar la ciudad. O de elegir su hotel... Así, pensando en paliativos más eficientes que las infusiones de hoja de coca o la tradicional asistencia médica, el Hotel Monasterio, ubicado en el centro de la ciudad, decidió atacar al soroche de frente con un método lógico pero original: poniendo más oxígeno a las habitaciones.

La decisión no fue trivial. Para hacerlo bien, la empresa optó por seguir las recomendaciones del Instituto Escocés Vascular, Pulmonar y de Medicina Respiratoria, su principal asesor en el tema. El objetivo fue elevar en 3% el nivel oxígeno para poder simular la altura de la habitación a 2,400 metros, pues a ese nivel el cuerpo no siente los efectos de la altura.

"Ningún cuerpo acepta sin ninguna dificultad pasar del nivel del mar a los 3,400 metros", explica Laurent Carrasset, gerente general de Orient-Express Hotels Perú (OEH Perú), empresa dueña del Hotel Monasterio del Cusco, quien agrega que con esta solución el establecimiento ha sido el primero que ataca efectivamente este problema en el mundo.
Para implementar la idea, la empresa invirtió en 2001 alrededor de US$ 342 mil en la construcción de una planta de oxígeno y el tendido de una red de tuberías para inyectar oxígeno en 86 de las 126 habitaciones del hotel; lo cual tiene un costo de US$ 25 diarios.

Una inversión baja, tomando en cuenta que en mayo de 1999, cuando la empresa Orient-Express Hotels, Trains & Cruises se asoció con la peruana Peruval. Tras ese acuerdo OEH Perú inició la primera remodelación del hotel invirtiendo cerca US$ 8 millones de dólares.
Un ejemplo de cómo la modernidad cabe en un inmueble que fuera el palacio del Inca Amaru Qhala y que fuera después refundado como el Seminario de San Antonio de Abad, en 1598 y que empezó a ser usado como hotel en 1965.

Como resultado, el Hotel Monasterio ha logrado incrementar su índice de ocupación y, más importante aún, ha podido captar a turistas del segmento adulto-mayor que antes no viajaba al Cusco por temor al mal de altura. "Ahora tenemos huéspedes de hasta 85 años" dice Carresset.

El establecimiento se ha ganado su prestigio. En 2003 ganó el premio al mejor servicio del mundo según el Leading Hotels of the World, siendo elegido de entre 500 hoteles asociados. "Por su parte, Travel & Leisure Magazine dice que somos el número uno a nivel de Perú y Sudamérica", resalta el gerente general.

Adolfo Perret, past president de la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Afines del país andino, destaca que en general la oferta hotelera cinco estrellas en el Cuzco alcanza altos estándares internacionales. "El Hotel Monasterio fue vanguardista por enriquecer el oxígeno en las habitaciones", dice Perret, quien agrega que los premios obtenidos por la empresa ayudan a mejorar la reputación de los otros establecimientos en Cusco.